L a historia creada por J. M. Barrie en 1904 sobre un niño que no quería crecer, forma parte del paradigma de aquellos cuentos que conectan con los deseos más profundos de la niñez. Se han realizado numerosas adaptaciones de la fábula de Peter Pan, pero en todas ellas se dice que si uno viaja al País de Nunca Jamás y pasa una larga temporada le será difícil volver a su antigua vida y recordar su pasado.

El verano ha llegado a La Bahía, y con él la gente que tanto ha anhelado la libertad en estas últimas semanas, ha decidido retornar a sus costumbres y disfrutar del aire fresco y puro de Emerald Hills. Pero estas tardes de sábado poco tienen en común con las de hace tan solo un par de meses. La 101, que cruza California de norte a sur, está completamente desierta, al igual que el cielo en los alrededores del aeropuerto. El tráfico de pasajeros ha caído más de un 80% con respecto al pasado año. Este viernes tan solo 15.000 personas pasaron por SFO en comparación a las 79.000 de hace tan solo un año. Salir de casa requiere cuando menos concentración para no olvidarse de ninguna de las recomendaciones de higiene y prevención; por no mencionar las innumerables medidas que tanto gobiernos como sector privado han ejecutado para intentar reducir el número de casos por Coronavirus. 

Ha corrido mucha tinta sobre el impacto que el Covid-19 tendrá en la economía y la sociedad, y no seré yo quien se aventure a pronosticar lo que el futuro nos deparará, mucho menos después de haber escrito en diciembre que ‘2020 no sonaba tan futurista como hace 5 años y que lo más futurista que podríamos esperar era el Cybertruck’, pero sí me gustaría reflexionar sobre tres de los grandes cambios que sin duda alguna darán forma a esta nueva década y marcarán un cambio de era. 

Ralentización de la globalización

El flujo de personas, comercio y capital se ralentizará

Las restricciones para viajar, las cuarentenas y el deseo generalizado de quedarse en casa, incluso entre aquellos a quienes no se les ordenó hacerlo, ha significado que el movimiento de personas de un lugar a otro, el único aspecto de la globalización que había seguido fortaleciéndose en los últimos años, se haya detenido. 

Esta crisis también ha acelerado la necesidad de ciertos países de diversificar su red de proveedores y cadenas productivas. Casi las tres cuartas partes de los anticoagulantes importados de Italia provienen de China; al igual que el 60% de las materias primas utilizadas en la producción de antibióticos importados por Japón. Tal dependencia de cualquier país parece imprudente y muchos de ellos han comenzado a evaluar cómo cambiar el status quo

La edición de The Economist de esta semana incluso ha llegado a cuestionar si el Covid-19 acabará con la globalización. No cabe la menor duda que la pandemia ha puesto en evidencia algunos de los problemas de base del modelo y ha provocado que tanto países como organismos supranacionales hayan comenzado a cuestionarse cuál es su nueva hoja de ruta. Sin embargo, esta crisis no acabará con la globalización de la economía,  sino que la ralentizará en el corto/medio plazo y muy probablemente provocará un cambio en el peso que las industrias tienen sobre el total a largo plazo. Por ejemplo, las exportaciones de automóviles mexicanos cayeron un 90% en abril; y el 21% de los envíos transoceánicos de contenedores en mayo han sido cancelados. Sin embargo, algunos servicios de entretenimiento digital y conectividad han visto tasas de crecimiento de doble dígito tanto en tráfico como en el número de nuevos usuarios en los últimos meses. 

El comercio digital opera todavía a una escala modesta pero continuará prosperando y adquiriendo mayor importancia en la economía global en los próximos años. Y quién sabe, quizás llegue a sentar las bases de un nuevo modelo productivo. 

Profundos cambios en el comportamiento del consumidor

Qué, cuándo y cómo compramos ha cambiado

Mientras que países en diferentes latitudes comienzan a ‘reabrir sus economías’, los consumidores continúan sintiendo el impacto financiero de la crisis. De acuerdo a un reciente estudio de Mckinsey, la intención general de gasto ha disminuido en dos tercios en los 41 países encuestados. 

Para evitar el contacto con otras personas, los consumidores continúan dedicando mucho tiempo a las actividades en el hogar y han adoptado soluciones digitales como las videoconferencias, la telemedicina o la compra online. Con miras hacia la «nueva normalidad», alrededor del 40 al 60 por ciento de los consumidores encuestados que adoptaron estos nuevos productos y servicios tienen la intención de continuar.

Si bien el Covid-19 ha disminuido de forma dramática el tráfico en las tiendas físicas, algunos minoristas han visto aumentos repentinos en las compras online, a medida que los consumidores han comenzando a extremar las precauciones con el aumento del número de casos en sus comunidades. 

A medida que los consumidores utilizan cada vez más métodos digitales para prepararse para una posible emergencia, los minoristas deben garantizar una experiencia fluida, sin fricciones y rápida en sus sitios web de comercio electrónico y aplicaciones móviles. 

Cumplir con las necesidades y expectativas de sus clientes en un momento como este es imperativo y por ello esta crisis está actuando como un acelerador para la transformación digital de muchas empresas que todavía no habían dado el salto al mundo online. 

La democratización geográfica del capital humano

Desempleo y teletrabajo

Desempleo 

Las últimas cifras del Departamento de Trabajo de los EEUU indican que más de 36 millones de personas han solicitado subsidios de desempleo en los últimos dos meses. La tasa de peticiones se está desacelerando, pero el ritmo récord de despidos ya ha llevado el desempleo a niveles nunca vistos desde la Gran Depresión de la década de 1930. A modo de comparación, solo se presentaron 188.264 peticiones de desempleo en la misma semana en 2019.

La situación al otro lado del océano no es más prometedora. En un reciente informe, Mckinsey advierte que la pandemia amenaza con llevarse por delante 59 millones de empleos en Europa, así como la reducción de salarios y horas de trabajo.

Pero a pesar de que los números globales son negativos, y preocupantes, existen áreas de oportunidad, y esperanza, e industrias que continúan generando nuevos puestos de trabajo. Uno de los casos más destacable ha tenido lugar en Alemania, donde McDonald’s y ALDI han iniciado un plan de intercambio de personal para que los trabajadores de McDonald’s ​​de establecimientos cerrados temporalmente pudiesen trabajar en las tiendas de ALDI y así garantizar que el minorista pudiese satisfacer la creciente demanda actual.

Teletrabajo

En los últimos cinco años he cogido una media de sesenta vuelos al año, de los cuales el 90% han sido por motivos de negocios. Siempre he sido un ferviente creyente de la importancia del contacto humano y las relaciones a la hora de tomar decisiones empresariales, de estar en el campo de batalla, de sentir y oír en primera línea lo que los consumidores necesitan, entender como diseñar estrategias que ayuden a nuestros socios a crecer su negocio y desarrollar productos que hagan la vida de nuestros usuarios un poco más fácil. 

Hace dos meses, he tenido que rediseñar mi método de trabajo, al igual que millones de personas alrededor del mundo. Adaptarme a las nuevas circunstancias y asimilar que tendría que confiar única y exclusivamente en la información que recibo de manera telemática en lugar de compaginarlo con mis impresiones en primera persona. Con el paso de los días he comenzado a ver el lado positivo de esta nueva rutina. He hablado con más personas que con las que hubiera estado si nada de esto hubiese ocurrido, y todo desde mi casa. He hablado con clientes en Asia, ingenieros en Europa, y socios en EEUU. Trabajar desde casa te permite optimizar tu tiempo, reducir las horas de espera en el aeropuerto, de vuelo, y los desplazamientos diarios al trabajo.  

De todos modos, en una industria como la tecnológica, que se rige por la innovación, la colaboración es una pieza fundamental en el engranaje de cualquier empresa, y a pesar de que las diversas plataformas de videoconferencias en el mercado hacen un buen trabajo a la hora de mantener y fomentar los flujos comunicación, nunca llegarán a sustituir una buena sesión de whiteboarding con tu equipo o las ideas de pasillo que surgen entre reunión y reunión. 

Estos dos últimos meses han sido el mayor experimento de teletrabajo a escala jamás realizado en la historia. Las empresas han tenido oportunidad de recabar datos sobre la productividad de sus equipos y evaluar en profundidad si este o un modelo híbrido puede funcionar en el largo plazo. Twitter ha sido posiblemente la más vocal a la hora de expresar sus opiniones comunicando a sus empleados que pueden trabajar desde casa para siempre. 

La flexibilización del trabajo presencial de 9 a 5h los cinco días de la semana, conllevaría beneficios tanto a nivel individual como colectivo. Imaginémonos en una región como el área de la Bahía de San Francisco, con muchos empleos tecnológicos pero viviendas caras y limitadas, el tiempo promedio de camino al trabajo es de 32 minutos. Si una persona trabaja desde su casa un día a la semana, es una hora a la semana que no pasa en el coche. Si estas prácticas son adoptadas por la mayoría de las empresas, se produciría una gran reducción de vehículos en la carretera durante las horas punta, disminuyendo la congestión y acortando los tiempos de conducción para todos. De igual modo permitiría a empleados con rentas altas vivir en lugares con costes de vivienda más bajos (alquiler, hipotecas) lo que significaría más dinero para gastar en otras actividades como ocio, viajes, o restauración y así fomentar el consumo de las familias. Sin embargo, esto es una gran simplificación de una realidad mucho más compleja. Ni la naturaleza de todas las industrias permiten el teletrabajo, ni el hecho de ahorrar en costes de vivienda tendría un impacto directo en el aumento del gasto en otras áreas. 

Imaginémonos que las empresas deciden abolir el trabajo presencial y permiten trabajar a sus empleados desde cualquier lugar del mundo ¿supondría esto la democratización geográfica del talento y el capital humano? 

El Covid-19 ha impactado por completo nuestra economía y sociedad, el comportamiento de los consumidores, acelerado la transformación digital de muchas industrias, y puesto en tela de juicio nuestro modelo productivo actual. 

No anhelemos nuestra antigua vida, ni recordemos en exceso nuestro pasado, y aprendamos a vivir con estas nuevas reglas de juego. Solo aquellos que las entiendan y se adapten serán capaces de sacarle el máximo partido a lo que los expertos han acuñado “nueva normalidad’. Para los más osados, os dejo una guía que intenta dar sentido a un problema que es demasiado grande para que una persona lo entienda completamente; para los demás, ¡bienvenidos al País de Nunca Jamás!

Las opiniones expresadas en este artículo son las del autor y no reflejan necesariamente la política o posición oficial de ninguna otra agencia, organización, o empresa. Aviso legal

Adolfo Fernández

Adolfo Fernández

A strategist, an advocate for building user-first solutions, and an advisor for some of the fastest-growing companies across the globe. Currently in a mission to bring new products to market at Google.

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